Desafío GR-100


El reto

El reto consiste en ser capaz de correr una distancia superior a 100kms, en el verano de 2016, entrenando de forma específica por un tiempo no superior a 6 meses.

Antecendentes

Tras lograr superar el "Corazón de Asturias", mi primer gran reto deportivo, y teniendo en cuenta que a finales de febrero regreso a Tenerife tras casi 4 años en Asturias, la tierra que me ha visto crecer, mi cabeza no para de darle vueltas a cuál debería ser mi siguiente reto deportivo... y es por casualidad que la respuesta aparece ante mi en forma de un sendero de gran recorrido, el GR-100, o Ruta de la Vía de la Plata, en Asturias.

Este GR-100 o Ruta de la Vía de la Plata, es una antigua vía de comunicaciones de origen romano que comunicaba Emérita Augusta (Mérida) y Astúrica Augusta (Astorga) y que en su paso por Asturias discurre por el trazado que utilizó el general romano Carisio para su conquista. Razones de sobra para considerar este sendero como el más adecuado para conquistar mi siguiente gran reto deportivo en Asturias, el Desafío GR-100.

El GR-100 recorre Asturias de sur a norte, pasando por:

Track del desafío

A partir de la información disponible de la ruta en la página de la Federación de Deportes de Montaña, Escalada y Senderismo del Principado de Asturias (FEMPA), y completando la altimetría gracias a algunas herramientas online, he confeccionado el track completo de la ruta que seguiré durante el Desafío GR-100, y que puedes consultar en wikiloc siempre que quieras:

Preparación

A continuación tienes el listado de entrenamientos que llevé a cabo con la intención de tratar de enfrentarme al Desafío GR-100 con un mínimo de garantías:

Desarrollo

Esta parte del Desafío GR-100 es la que, al final, más me está costando: tratar de encontrar el momento en el que escribir sobre el desarrollo del reto, y su resultado (y es que escribo estas palabras más de 6 meses después de haber intentado superar este reto).

El resultado es fácil de explicar: en Lugones (el segundo avituallamiento programado) tuve que abandonar por culpa de unas ampollas en la planta de los pies que me impidieron continuar mi camino.

Sin embargo, antes de llegar a Lugones, hubo unos 65 o 70kms que trataré de ir describiendo de la mejor manera posible.

Comenzaré diciendo que la noche anterior la pasé con César, quien me acompañaría los primeros 30kms del reto, en Busdongo, en un bonito apartamento lindando con la carretera que une León y Asturias a través del puerto de Pajares.

Allí cenamos un buen plato de pasta, dormimos unas horas, y en torno a las 5:30 nos levantamos para tomar un buen desayuno y poner rumbo en coche a Pendilla, desde donde iniciaríamos nuestra marcha.

En Pendilla remarcar que estaban en fiestas, y cuando llegamos en torno a las 6:15, aún quedaban algunas personas apurando las últimas copas y conversaciones.

Sin embargo, César y yo vencimos las ganas de hacerles compañía y emprendimos nuestro camino guiados por el mapa que llevaba cargado en el reloj (aunque se me olvidó iniciar el seguimiento, y los primeros kms del reto no los tengo en el track).

La ruta, desde Pendilla, inicia cuesta arriba, y además es noche cerrada aún, por lo que caminamos, a buen paso eso sí, hasta hacer la primera cima... disfrutando cada vez más de una vista que se va abriendo para nosotros según va llegando el alba.

A partir de ahí, en los llanos y cuestas abajo aprovechamos para soltar las piernas, pero hay más cuestas ascendentes de las que pensaba, y esta parte del camino la vamos haciendo más lento de lo que pensaba inicialmente... me preocupa un poco porque en Carabanzo (a 30kms de Pendilla) estarán esperándonos mi padre, Susa y Alfredo, que dará relevo a César hasta Mieres. Así que en cuanto tengo buena cobertura, les mando un mensaje para que estén tranquilos y sepan que al menos, llegaremos 45 minutos más tarde de lo que habíamos pensado inicialmente.

Y así seguimos hasta llegar aproximadamente al kilómetro 20, donde comienza una buena cuesta abajo continua que, en 10kms (los que nos separan de Carabanzo), nos llevarán desde los 1250m a los 250 (aprox.).

Es una cuesta sencilla técnicamente hablando, siempre siguiendo una pista, aunque como notaré una vez que llegue a Carabanzo, y con ello al llano, sus 10kms y 1000m de desnivel harán mella en mis cuádriceps.

En Carabanzo llegamos... ¡y también estaban en fiestas! La verdad es que por las fechas, era de esperar, pero nos hizo gracia que el último y primer pueblo que nos encontramos al atravesar la zona montañosa estuviesen en fiestas.

Allí nos esperaba el relevo de César (Alfredo), y tras un corto cruce de las primeras impresiones con mi padre y Susana, la despedida y agradecimiento a César, Alfredo y yo nos pusimos en marcha hasta Mieres, donde llegaría la primera parada y avituallamiento programados.

Pero como decía, a partir de este punto y hasta Mieres, el trazado cambió radicalmente y comenzó un llaneo que, tras la larga bajada a Carabanzo, se me hacía imposible... los cuádriceps, símplemente, no respondían, y aunque ya había hablado con Alfredo que la idea no era ir muy rápido, en más de una ocasión creí ver cierta mirada de incredulidad al ver que incluso en falsos llanos con ligera pendiente ascendente tenía que dejar de correr y caminar... ¡era incapaz de llevar un ritmo ni tan siquera medio decente! ¡Y además, el calor empezaba a apretar!

Por suerte los kms iban pasando (lentamente, eso sí), y al fin pude ver el puente que cruzaría el rio Caudal, la Autopista A-66 y me llevaría directo al centro de Mieres.

En Mieres, dimos un par de vueltas hasta encontrar el punto donde habían aparcado y montado el avituallamiento, pero al final llegamos y pude reponer fuerzas con algo de comida sólida, volver a rellenar líquidos (agua, cola e isotónica) y descansar las piernas (tumbado en un parque, con las piernas apoyadas en el tronco de un árbol).

Al final estuve algo más de la media hora que tenía programada, aprovechando para dar descanso a mis doloridos músculos, pero cuando ya se me fueron acabando las excusas, volví a ponerme la mochila y, esta vez sin ninguna compañía, inicie mi camino rumbo a Oviedo.

Como estoy a unas calles del track, y tengo las piernas desencajadas (no literalmente, claro), comienzo caminando hasta reencontrarme con la ruta, y una vez en ella, empiezo a trotar cogiendo poco a poco ritmo hasta que llego al Padrún, "pequeño" puerto que debo atravesar, ahora ya sí bajo un sol ardiente.

La subida al Padrún es dura, y voy muy lento hasta hacer cima y comenzar la bajada donde... ¡sigo lento! Eso sí, trotando como puedo (mis cuadriceps gritan: ¡dolor! a cada paso) hasta llegar otra vez al llano. En esta parte, hay un rato que pierdo el track, aunque lo recuperaré cerca de Olloniego, pueblo que atravieso sin mayor problema.

Sin embargo tras atravesar Olloniego será cuando me enfrente al principio del fin del Desafío GR-100. Y es que, debido a ser incapaz de seguir el track al inicio de la subida a la Manzaneda (al poco de haber atravesado la localidad de El Portazgo), y mi desconocimiento de la zona, me tengo que enfrentar a la ascensión del Alto de la Manzaneda, una de las ascensiones mejor conocida por los ciclistas asturianos, debido a su cercanía a Oviedo y al Naranco, y utilizado en múltiples ocasiones en la Vuelta a España, un puerto típico de "tercera", aunque con una zonas que podría calificar de dura: una gran recta al 12% que culmina en el pueblo de la Manzaneda, una ascensión con un total de tres kilómetros y medio hasta la localidad de El Pando, y que posteriormente continua con una zona de falsos llanos, con algunas cuestas importantes en algún caso, para acabar desembocando en Oviedo.

Y digo que aquí comienza el fin del Desafío porque esta ascensión supuso varios mazazos considerables:

Y así y todo, acabé llegando a Oviedo... y como me había desviado del track, avisé a Alberto (quien me acompañaría el siguiente tramo) un poco tarde, y me tocó esperarle... momento en que pudieron llegar mi padre y Susasa quienes además. ¡venían con una botella de agua! ¡gracias!

Esa pequeña espera, y esa botella de agua, me hicieron volver a animarme y, en cuanto llegó Alberto, pusimos rumbo a Lugones, donde me esperarían mi mujer y mis hijos para el segundo avituallamiento.

El ritmo comienza animado... me veo de nuevo fuerte de piernas, contento tras haber retomado el track en Oviedo, y dispuesto a comerme los kms que me separan de Lugones primero, y de Gijón después, en lo que queda de tarde.

Pero la alegría no me dura mucho, y a la altura de La Corredoria debo dejar de correr. Tengo unos fuertes pinchazos en la planta de los pies (en la zona donde acaba la planta y empiezan los dedos, para ser más exacto), y me veo obligado a comenzar a caminar... ¡y sin embargo no lo doy todo por perdido!

A pesar de que hay una linea recta que me llevaría hasta el segundo avituallamiento atravesando Lugones por la Avenida de Oviedo, decido continuar (caminando) el track dando un rodeo por el Puente Viejo por si en el avituallamiento soy capaz de resolver el problema de las plantas, y así, tras unos 3-4kms caminando como puedo, llego al deseado segundo punto de avituallamiento en el Parque de la Paz de Lugones.

Mi familia me da fuerzas (están conmigo mi mujer y mis hijos, mi padre, Susana y mi suegro), e incluso Alberto, a pesar de que ha vivido conmigo los últimos kilómetros de dolor paso a paso, también me da ánimos.

Así que decido hacer algo... pido a mi mujer a que vaya a la farmacia a pedir consejo y algún producto para las ampollas que tengo en la planta de los pies, y viene con unos apósitos que, tras lavar la zona, aplicamos con cuidado.

A partir de ahí, y mientras voy recargando la mochila y comiendo bocadillos y demás comida sólida, voy probando a caminar, trotar, echar pequeñas carreras... pero el dolor no se mitiga en absoluto.

Y ahí, por el desconocimiento de qué hacer para poder continuar, sabiendo que me queda aún un tercio del recorrido, y recordando los últimos kilómetros antes de llegar a Lugones, me vengo abajo y decido abandonar.

Aprendizajes

El primer y más importante aprendizaje que me llevo de este reto es que siempre, incluso de los fracasos, se aprende. Por eso, y a pesar de no haber logrado superar este reto, me llevo entre otras cosas las siguientes reflexiones:

Agradecimientos

A César, a Alfredo y a Alberto, por correr (o a veces caminar) durante algunos de los tramos del reto (en total unos 45 kms de los 65-70 que finalmente fui capaz de completar). ¡Sin vuestra compañía todo habría sido mucho más duro!

A mi mujer y a nuestros hijos, que me sufren a diario y me han apoyado tanto en la época de preparación previa, como el mismo día del reto, acudiendo al segundo avituallamiento para ayudarme y darme su calor.

A mi padre y a Susa, por su ayuda durante todo el reto, tanto con la logística, ayudando a César a recoger su coche y acudiendo a los puntos de avituallamiento para llevarme la comida y la bebida, y acompañarme durante esos ratos de descanso.